Gracias don Jorge

Los Miserables.

Leobardo Sánchez Tovar.

Gracias don Jorge.

Te anda buscando don JORGE RODRÍGUEZ güey, creo que te quiere invitar a El Gráfico. Ve a verlo; él llega como a las 9.

Yo era un debutante en el periodismo, que había encontrado en el periódico El Vespertino, la mayor libertad editorial a la que un reportero puede aspirar para desarrollar su trabajo, de manera que si me andaba buscando don JORGE, era por algo, pensé.

En ese entonces, el periódico El Gráfico era toda una institución, de hecho una escuela de periodismo por la referencia del dueño,  don GUADALUPE DÍAZ JR., un periodista del que llegué a saber, leían algunos gobernadores.

Era ese mismo Gráfico, el que había mandado quemar el ex gobernador ENRIQUE CÁRDENAS GONZÁLEZ, y que le había valido por esa razón, la imagen del ave fénix.

Ese periódico para mí, representaba además, una casa editorial forjadora de grandes periodistas: GABY HERNÁNDEZ, TOÑO ARRATIA, PACO CUÉLLAR, MEDARDO TREVIÑO, VÍCTOR CONTRERAS. Todos ellos habían escrito en sus páginas.

Que me invitaran a escribir ahí, más que un halago era un privilegio.

Antes de que terminara de hablar el amigo que me había traído el mensaje, yo andaba buscando en mí imaginación el rostro de don JORGE, y repasé varias caras, entre ellas, la de don BENITO GARCÍA, otro periodista más o menos de la edad que yo suponía para don JORGE, pero no, no era él.

Mi ego se había elevado lo suficientemente alto, por la vaga noción de saber que alguien lee lo que escribes, y comencé a sentirme importante, aunque después, me arrepentiría de haber aceptado esa invitación.

Cuando llegué a su oficina, tenía el recorte de la página que yo había escrito el día anterior, y me preguntó: ¿usted escribió esto? Si, le respondí, muy bien, me dijo, y entonces fue directo a la propuesta de trabajo, y al final me aclaró: “conmigo ya está arreglada la cuestión editorial, lo de la lana lo maneja LUPE, vaya a verlo, ahí está ahorita”.

Pero don JORGE era una escuela muy dura. A quienes nos hizo falta escuela quizá, tuvimos que aprender una lección muy difícil: el carácter de él, que terminaba por abortar cualquier intento de sana relación.

Su mejor arma siempre fue la indiferencia, y no cedía hasta estar convencido de que su estrategia realmente había logrado su efecto; era un general combatiendo con soldados rasos.

Hasta entonces comprendí una advertencia que me había parecido más bien un protocolo, cuando me dijo aquel día en su oficina: “no somos amigos, aquí venimos a trabajar, y si por alguna razón llegamos a llevarnos bien, bueno, pero este es un trabajo y vamos a tomarlo así”

GUADALUPE DÍAZ (el hijo de don GUADALUPE DÍAZ JR.), que ahora era el dueño y director de El Gráfico, descansaba en don JORGE toda la confianza de autoridad; una rigidez militar que había mantenido así el periódico por años, y que debido a esa conducción, la institucionalidad seguía sin quebrarse, esa era la creencia.

La emoción surgida aquel día cuando don JORGE me citó en su oficina, se había diluido por completo a los pocos meses, y ya no me quedaban si no, las ganas por salir de ahí.

Y cuando estaba a punto de renunciar, me vino otro ofrecimiento, para continuar ejerciendo como reportero en Televisa, así que no lo pensé dos veces y me fui de El Gráfico.

Lo que don JORGE me enseñó sin embargo, sólo se aprende en medio de la adversidad, donde te cuesta tanto entender que las lecciones más difíciles son enfrentarte a ti mismo.

Me enseñó por ejemplo a ser un lobo solitario en el periodismo, y a conocer la importancia del egoísmo, cuando lo que está de por medio, es el prestigio de la empresa para la que trabajas.

Don JORGE y yo, fuimos amigos años después, cuando él ya había cumplido su misión conmigo, aunque de haber seguido juntos, yo jamás la hubiera entendido.

Un día lo busqué para que hiciera la presentación de mi libro, pero me dijo que no, que ya en otra ocasión le había quedado mal a un amigo que también buscaba lo mismo, y después lo volví a buscar, pero ahora para que fuera el presidente del jurado, de un concurso de periodismo que había organizado como dirigente de los periodistas, y no me dijo que no.

La última vez que desayunamos, le prometí “El arte de la seducción”, un libro de ROBERT GREENE, que le entregué esa misma semana.

Ahora que ha muerto, sólo quería decirle gracias por haberme enseñado tantas cosas de la forma más agresiva y hostil, pero que me ayudaron a crecer y a comprender muchas cosas, y que ahora, mucho de lo que se, se lo debo a él, aunque creo que él ya lo sabía.

leosanchezto@gmail.com

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