Los Rolling Stones derribaron “La cortina de hierro” en 1967

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hace casi medio siglo, Los Rolling Stones fueron de las bandas pioneras del rock inglés en aventurarse a tocar por uno de los países comunistas, Polonia, con la formación original de los fundadores del entonces sexteto: Brian Jones (fallecido en 1969), así como el bajista Bill Wyman, quien narró dicha experiencia en sus memorias Stone Alone (traducidas por Grijalbo como Los Rolling por dentro, 1991).

Aquel par de insólitas presentaciones del conjunto en Varsovia ocurrieron a mediados de abril de 1967, año particularmente nefasto para los Stones (cuyos inicios datan de 1962), según narran Wyman y Ray Coleman, coautor del libro:

“Con mi matrimonio roto, el rencor entre Brian y Anita (Pallenberg, su exnovia “robada” por el guitarrista Keith Richards), más la amenaza de juicio a Mick (Jagger), Keith, Marianne (Faithfull) y sus amigos por drogas, la primavera de 1967 nos halló catalogados como el grupo de rock más apestado en el mundo. Allí donde aparecíamos, todo lo que tocamos se convertía en polémica. Era un momento pésimo para salir de gira, pues para ello se necesita unión, pero justamente lo que hicimos fue emprender una por Europa”.

En la aduana sueca, su equipaje fue meticulosamente esculcado por la policía de Malmö; si las tocadas alemanas resultaron “bastante aburridas”, en Viena, 154 fans fueron arrestados por destrozos durante el concierto en Stadhalle; a Roma acudieron para verlos las actrices Gina Lollobrigida, Brigitte Bardot y Jane Fonda, “más un público mayor de 40 años de edad”.

Asalto en París

El 11 de abril llegaron a París:

“Mientras estábamos tocando, todas nuestras habitaciones del hotel nos fueron saqueadas y nos robaron dinero, ropa, cámaras fotográficas y radios. Teníamos fuertes sospechas de los camareros jóvenes del hotel, pero la gerencia se negó a aceptar su responsabilidad. Los Stones decidimos desde entonces nunca jamás volver a alojarnos en el Hotel George V.”

Enseguida, transcribimos los recuerdos de Bill Wyman en torno al histórico viaje de Los Rolling Stones a Varsovia en 1967 (tomados del capítulo noveno, “Adicciones y fricciones”), hace 48 años.

Bienvenida varsoviana

Nuestro avión despegó 90 minutos tarde y volamos a Viena, donde cambiamos de vuelo a Varsovia.

En 1967, con la Cortina de Hierro firme en su lugar, no se oyó hablar de un decadente grupo de pop occidental llamado Los Rolling Stones que iba a Polonia. Fue una idea nuestra, más que de nuestro promotor. No había dinero de por medio; los honorarios eran una buena comida.

Pero habíamos oído hablar de que en los países comunistas los chicos conseguían los discos de Occidente en el mercado negro, y que nos escuchaban en la radio, mucho antes de que la Glasnost (“transparencia” en ruso, voz usada por Gorbachov en los ochenta como apertura de la URSS –Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas) se convirtiera en una palabra de moda, estábamos orgullosos de romper las barreras existentes entre Este y Oeste.

A nuestra llegada hallamos que los edificios del aeropuerto parecían barracones tipo Nissen del ejército. Había unos cien fans esperando para saludarnos. En la aduana, un barracón de hojalata y las mesas para la inspección del equipaje no eran sino tablas de madera. Fuimos recibidos por Madame Katarska, la promotora local que actuaba como nuestra guía y traductora. Nos condujeron en coche por una deprimente Varsovia, gris y desencantada, al mejor hotel de la ciudad, el Orbis-Europejski, otro edificio frío y gris.

Mi habitación tenía una forma triangular, con un enorme pilar de hormigón al centro. Todo el mundo entraba y salía de las habitaciones de los demás, comparando para ver a quién le había tocado el mejor cuarto. No había televisores pero sí radios; sin embargo, cuando intentamos oír las estaciones, descubrimos que todas estaban interferidas, a excepción de las locales. Por la noche nos reunimos todos en el restaurante del hotel, acompañados de nuestros guías, para comer una cena que nos costó una fortuna.

Al día siguiente, el 13 de abril, algunos de nosotros paseamos por el hotel y descubrimos a hombres de seguridad vestidos de campesinos vigilándonos por doquier, quienes rehuían nuestras miradas. Al salir por la puerta principal del hotel para pasear por Varsovia, fuimos detenidos por hombres de seguridad, los cuales nos pidieron permanecer en el hotel, donde conseguí tomar algunas fotos desde el vestíbulo.

Nuestra conferencia de prensa de esa tarde en el hotel casi se convirtió en un fracaso desde el principio: los organizadores olvidaron informar al hotel, y cuando periodistas y fotógrafos se concentraron, un empleado solicitó a todo mundo que se marchara. El problema se evitó gracias a nuestro agente urbano de prensa, Leslie (Les) Perrin, quien simplemente sacó un talonario de cheques británico y escribió al enfadoso empleado del hotel la suma requerida, y la conferencia de prensa comenzó.

Cuando después nos llevaron en minibús para dar dos conciertos, grandes grupos de jóvenes concentrados enfrente del hotel fueron mantenidos a distancia por la policía. Agitaron sus pancartas y gritaron: “Larga vida a los Stones”. Cuando llegamos al lugar, miles de personas se estaban manifestando por las calles. Rápidamente nos enteramos por qué: Todas las entradas para nuestros conciertos habían sido distribuidas a miembros del Partido Comunista, y ninguna había llegado a los verdaderos fans.

Ambos conciertos se desarrollaron muy bien, pero el público fue reservado, tal vez a causa de la policía y de los militares que se hallaban de pie en los laterales y alrededor del teatro. Cada vez que la gente se ponía de pie para aplaudir o animar, los oficiales se abrían camino hacia los ‘ofensores’ y los reprendían… Fue terrible ver tanta represión de los sentimientos de las personas. Hacia el final de nuestra actuación, la gente comenzó a gritar:

“¡Aycantgetno! ¡Aycantgetno”

Tardamos algo en caer en la cuenta de que lo que pedían era la rola “(I can’t get no) satisfaction”.

Les Perrin y una manada de periodistas británicos fueron testigos de fuertes disturbios fuera del teatro. Durante el intermedio, nos dijeron que en el exterior los fans estaban luchando contra la policía y los militares en las calles, y que la policía cargaba contra ellos a caballo y les echaban sus coches blindados con metralletas en el techo.

Crónica de la represión

Enseguida, Wyman transcribe lo que Les Perrin redactó para el periódico New Musical Express de Londres acerca de esos sucesos:

“Detrás de la Cortina de Hierro, Los Rolling Stones han provocado lo que los políticos occidentales nunca incitan: ¡disturbios! Desde el exterior del Palacio de Cultura de Varsovia, vi a 10 mil enloquecidos fans adolescentes polacos encerrados afuera. Otros marchaban en grupos de a 2 mil, gritando: ‘¿Por qué no podemos ver a los Stones?’, y luego deletreaban el nombre del grupo, dirigidos por una animadora. La plaza, literalmente cubierta por cientos de policías, se convirtió en un campo de batalla…

“Comenzó el (segundo) concierto de las ocho de la noche y el desorden alcanzó un nuevo punto ríspido, en la plaza. Dos o tres mil adolescentes arremetieron contra los macizos portones de hierro, intentando entrar al vestíbulo. Vi a las autoridades ordenar que dos potentes carros blindados tomaran posiciones, apoyados por una manguera de agua de cañón para regarla a los manifestantes.

“Un batallón de soldados con cascos de acero, metralletas y perros policía se sumó a la fuerza pública. La policía y las tropas dispersaron gases lacrimógenos contra la multitud.”

Wyman concluye esa parte de la historia, así:

“Después de los conciertos, volvimos al hotel. Estábamos tan encendidos por lo que había sucedido afuera de la sala de conciertos, que después de conseguir una camioneta la llenamos con dos cajas de nuestros singles y discos EP, y volvimos a la ciudad.

“Cada vez que veíamos grupos de muchachos por la calle, disminuíamos velocidad y les arrojábamos algunos discos. Así lo hicimos hasta que la caja con los cien discos se vació. Más tarde, regresamos al hotel para pasar la noche, pero estábamos mucho más felices.

“Al dejar el hotel por la mañana, el 14 de abril, descubrimos que por una increíble coincidencia ¡nuestra factura ascendía exactamente a la misma suma de nuestros honorarios en dos conciertos de la noche anterior! Abandonamos Polonia reflexionando acerca de aquella aventura, un éxito a nivel cultural, pero detestable por la manera en que la policía mató el entusiasmo de los muchachos que deseaban ir a nuestro conciertos”.

Tristemente, refiere Wyman, 12 años después de esta visita de los Stones a Polonia, en 1979 el guitarrista Eric Clapton actuó en la misma sala de conciertos, “enfrentándose a iguales problemas y apenas pudo tocar porque la brutalidad que tuvo lugar frente al escenario lo sacó de quicio”.

Nacido William George Perks, en South London, Inglaterra, el 24 de octubre de 1936, Bill Wyman abandonó a Los Rolling Stones en 1993, tres años después de escribir estas memorias.

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