¿Por qué se suicidó Nicol con unos cordones a sus 10 años?

El Mundo, Colombia.- El día en que apareció muerta, no quería volver a casa. Temía que le pegaran por haber sacado malas notas. “Se puso a llorar en el descanso, decía que no quería llegar a casa porque su mamá le iba a pegar con el cinturón”, recordó una compañera de curso. “Esa vez pensó que iban a pegarle los dos”, agregó otra.

Dos semanas después de que Nicol Daniela Garzón Pulido se quitara la vidaahorcándose con los cordones de unas zapatillas en el patio de su vivienda, aún quedan muchas incógnitas por despejar. Son inciertas las razones que impulsaron a una niña de tan solo 10 años a tomar la decisión de acabar con su existencia. Ni por qué escogió una manera tan espantosa de morir y si realmente se trató de un suicidio. Medicina Legal, organismo judicial encargado de la actividad forense, aún debe entregar el resultado de la autopsia.

Los padres de la pequeña, Lorenzo y Paola, señalan a la Institución Educativa Fusca, sede del Cerro, vereda Yerbabuena, del municipio de Chía (Bogotá) como los responsables de la tragedia ocurrida en la noche del ocho de junio. Alegan queBibiana Pantoja, directora del 5º Grado y profesora de Matemáticas, Español, Inglés y Ciencias Sociales, la tildó de “gorda” y no le permitió unirse al grupo de baile colegial que actuaría en el Festival Cultural municipal.Ambos hechos han sido negados por la docente y varios testigos.

Las amigas de la niña, sin embargo, lanzan la hipótesis de un supuesto maltrato continuado en el hogar por sus bajas calificaciones. Añaden que Nicol sentía que sus padres no la querían tanto como a sus dos hermanas, en especial a la pequeña, de siete años.

“Si no sacaba cinco, la madre le pegaba con la hebilla del cinturón. Los padres la amenazaban con que si se lo decía a alguien, le pagarían más fuerte”, afirma una de las compañeras de la fallecida. No lograba obtener buenas notas porque, con frecuencia, entregaba las tareas incompletas.

Nicol llegó por primera vez al sencillo colegio distrital, situado entre cerros tan verdes como helados, el pasado 22 de febrero. Según confesó a unas amigas, sus padres, empleados de Direct TV en un centro comercial de Chía, la sacaron del Liceo Campestre Reino Unido, donde terminó cuarto grado, por no poder costearlo.

Enseguida se sintió a gusto con los nuevos compañeros, unos eran hijos de empleados de fincas de clase alta de los alrededores y otros, residentes en Chía.

A Nicol, más alta y gruesa que la media de su edad, la describen como una niñaalegre y amigable, de mentalidad infantil y temperamento fuerte. Le gustaba el baile, patinar, si bien era patosa y no se le daba bien. Su sueño era ser veterinaria. “Era muy creativa, dibujaba bien y le encantaba la escarcha”, rememora una niña.

Acostumbraba a esperar en la Biblioteca del colegio a que partiera la ruta escolar.Pasaba el tiempo mirando, feliz, libros de ilustraciones, tales como “1001 cosas que buscar en la granja”. Era la única ocasión en que no se la veía rodeada de una nube de amigas.

Su última día en la Tierra fue opaco. Aunque la jornada comenzó con Educación Artística, su favorita, algo le atormentaba. El día anterior había suspendido las dos materias con que iniciaban la evaluación -Español y Educación Física-, aunque podía recuperarlas con dos sencillas pruebas.

Ese miércoles, temprano, la profesora Bibiana recibió un mensaje de texto en plena clase. Había olvidado las gafas así que le pidió a una alumna que lo leyera y al saber que era la mamá de Nicol, dictó la respuesta: llámeme a las 9.30 y hablamos.

A la hora convenida, sonó el teléfono. Pese a compartir un grupo de WhatsApp con todos los padres de sus alumnos, Paola le telefoneaba con frecuencia, preocupada por las calificaciones de su hija. Bibiana le informó de los dos exámenes perdidos.”Ya no sé qué hacer con Nicol”, comentó.

Al llegar la hora del recreo, se le borró la sonrisa y prefirió deambular por los pasillos sin compañía, según sus amigas. “Lloraba, estaba triste, decía que tenía miedo de ir a casa, que esta vez le iba a pegar no la madre sino el padre, y nos dijo que quería estar sola”, rememora una de ellas.

Algunos de esos detalles que dejó la niña ese día pueden arrojar luces sobre lo que planeaba.

“En Educación artística Miss Bibiana -así la llaman por ser la profe de inglés- nos pidió un dibujo de frutas, animales y ropa. Nicol dibujó el cielo y lo llenó de escarcha y estrellitas. Fue la única que no dibujó lo que nos pedían”, dicen sus compañeras. Varias de ellas interpretan que Nicol se veía ya en el cielo.

“Le dije que me encantaba su creatividad porque era un dibujo bonito. Y nunca la llamé gorda, ni a ella ni a mis alumnas. No sería ético”, afirma Bibiana.

Ahora, una de sus amigas rememora una frase que no le despertó ninguna sospecha en el momento. “Cuando yo me iba a la ruta, me dijo: chao compañera, yo me despido, no nos volveremos a ver”.

Al preguntar a las amigas cómo podía una niña llegar a pensar en un suicidio ahorcándose, contestaron que a Nicol le apasionaban las películas de terror.

“Al principio solo hirió para que la prestaran atención. Su hermana tuvo apendicitis y la mamá siempre estaba muy pendiente de ella. Yo creo que solo quería esos mismos cuidados”, considera una de sus compañeras.

En un mensaje de Facebook, fechado en agosto del 2014, Nicol mostraba un enorme cariño hacia sus padres y su hermana, pero dejaba constancia del daño que le causaba que le pegaran. Su madre justificó el castigo por ser “grosera y no hacer caso”, al tiempo que añadió “recuerda que así te pegue o te regañe, te amo con todo mi corazón, mi lorito loco”.

Un suicidio sin evidencias

No hay certeza sobre lo que hizo Nicol las horas previas a su muerte. La primera noticia de que algo grave había sucedido llegó a las siete de la tarde. Paula llamó alarmada a Bibiana. Nerviosa, con voz atenazada por la angustia, preguntó a la docente si sabía dónde estaba su hija; no la encontraba en casa.

A las 7.20 la profesora escribió por WhatsApp a los padres: “¿Alguien sabe dónde está Nicol?”. Ninguno tenía la menor idea.

Poco después era la propia Paola la que informaba que su hija se había ahorcado con los cordones de las zapatillas en el patio de la casa, el único lugar que no habían registrado. La hallaron tirada en el suelo y corrieron a avisar a una ambulancia. Al centro médico la niña llegó sin signos vitales.

A las 1.52 de la madrugada del jueves 9 de junio, Paola dejó este mensaje enFacebook : “Mi vida siempre estarás en mi corazón. Serás mi amor eterno, te amo”.

El viernes la enterraron sin presencia de profesores por decisión de la familia. El sábado, los Garzón, tal y como aseveran los vecinos, sacaron a la calle la cama de Nicol y una bolsa con cuadernos y otros objetos personales para que los recogiera el camión de la basura.

Intenté hablar con los padres, pero el progenitor, que abrió la puerta, dijo que me había equivocado de dirección. Comprendí que preferían guardar silencio. Días antes, en Caracol TV, acusaron a la profesora Bibiana Pantoja de ser la responsable de la muerte de su hija. También hubo señalamientos contra las alumnas de 8° Grado.

“Es muy injusto que nos culpen a nosotras. Nunca tratamos con los más pequeños, tenemos el descanso a otra hora y no nos juntamos con ellos. No conocíamos a Nicol. Nos parece muy triste lo que le pasó pero nos indigna que nos echen la culpa. Aquí nunca hacemos bulling”, dijeron diez chicas de 8° en las instalaciones de la Institución Educativa Fusca.

Varios padres de alumnos de distintos cursos, manifestaron su respaldo absoluto a Bibiana Pantoja, con dieciocho años de experiencia docente, los últimos cuatro en ese centro. “Es una profesora que se convierte en la mamá de los niños”, aseguró Marlene Cardenas. “Mi hijo, de 10 años, lleva siete en este colegio, y también tengo otra hija de ocho estudiando. Es un colegio muy bueno”.

“Somos montañeros, campesinos, Yerbabuena es una vereda tranquila. El suicidio para nada es por los profesores, los conozco. Pero tienen que investigar y llegar a un diagnóstico de por qué la niña se suicidó o qué pasó”, añade Egdar Hernando Poveda.

El psicólogo experto en suicidios y tanatología, Paulo Acero, ha tratado casos parecidos. “Cuando un niño pequeño se quita la vida no está buscando matarse sino acabar con un dolor que en ese momento es insoportable. O quiere provocar que le presten la atención que cree no le dan”, explica. “Nadie se quita la vida por un solo factor, es una confluencia de factores que van sumando, y avisa de muchas maneras, a veces sutiles. A finales de año el índice de suicidios sube por el fracaso escolar. A veces los niños dicen, si suspendo, en mi casa me van a matar”.

En cuanto a la posibilidad de que una niña pequeña se ahorque con cordones, Acero trató el caso de un adolescente que se quitó al vida de esa manera. “Tiene que ser planificado”, indica. La psiquiatra Isabel Cuadros atendió a una “pequeña de 8 años cuya madre le pinchaba con alfileres, la maltrataba de forma terrible. La niña intentaba ahorcarse, pero nunca pudo porque el nudo tiene que estar muy bien hecho para que cuando pierda conciencia, no ceda”.

¿Se suicidó? ¿Qué gota desencadenó la tormenta? Interrogantes que deberán resolver las investigaciones para evitar que otros niños acaben sus vidas como Nicol.

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