Reporte Directo

Fantasmas de Victoria

31 octubre, 2018 - Reportaje

José Gregorio Aguilar/Reporte Directo

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- En la víspera de la celebración del llamado Halloween, en la mente de los victorenses permanecen viejas historias y leyendas sobre sucesos extraños e inexplicables que  ocurrieron en Victoria y que despiertan cierto temor entre las nuevas generaciones que escuchan esas historias de terror.

Una de las leyendas más contadas es la del taxista que dio servicio a una maestra en el lugar donde actualmente está la joroba del eje vial. Los pelos y la piel del chofer se erizaron cuando al llevarla hasta la casa, la maestra entró por dinero para pagarle. Pasaron los minutos y al ver que no salía el ruletero toca la puerta de  esa casa solo para descubrir que la maestra que recogió había muerto años atrás atropellada justo donde el chofer la subió al taxi. Solemnemente “no puede ser, ella es mi hija, era maestra, pero murió hace dos años”.

La historia se hizo popular a tal grado que actualmente ningún taxista que circule por ese lugar después de la media noche se atreve a subir a cualquier mujer que pida la parada pensando que es el fantasma de la maestra.

Ahí colocaron una cruz que provoca escalofríos a quienes por ahí pasan. Se cuenta que el taxista empezó a sufrir trastornos mentales por varias semanas hasta que finalmente, la muerte se apiadó de él y se lo llevó a la eternidad.

Pero los fantasmas en Victoria no solo se han apropiado de las calles sino también en panteones, hospitales y edificios públicos. Sus historias paran los pelos de punta de los oyentes. Los fenómenos paranormales son atractivos para las personas.

Otro de los macabros relatos que según la leyenda popular causó gran conmoción entre los habitantes de la capital del Estado es la historia de la mujer que bailó con el diablo en la conocida y popular discoteca chaparral también a mediados de los años noventa, cuando este centro de espectáculos atravesaba su mejor momento.

El lugar, lleno de gente, se sacudía por el ritmo y los pasos de cientos de jóvenes que en un ambiente por demás festivo disfrutaban de una velada que ya era común en las noches de fin de semana de Victoria.

Pero cierto día, una chica se encontraba en el interior; la describen como una jovencita bella y simpática, a la que aún nadie había invitado a bailar cuando en ese momento ingresa a la discoteca un apuesto joven que llamó la atención de todos los que lo vieron entrar el cual se dirigió de inmediato hacia la chica a la que invitó a bailar.

De inmediato, la feliz mujer se dejó envolver por el irresistible varón y muy pronto la pareja se convirtió en el centro de atención fusionándose al ritmo de la música. De pronto, la sorprendida y atemorizada chica descubrió unas largas pezuñas que salían de los zapatos del atractivo joven y sintió en su cintura como unas garras que la apretaban, además de un extraño olor que empezó a respirar tras lo cual cayó desmayada. Todo este episodio transcurrió cuando la primer pieza musical aún no concluía.

José Luis Mata, ahora padre de familia, en aquella época era un estudiante amante de asistir a esa  popular disco. Comenta que él estuvo ahí cuando ocurrió ese suceso aunque aclara que él no vio al ser maligno pero sí fue testigo del alboroto que se armó cuando supuestamente se apareció en medio de la pista.

Relata que empezaron los gritos y entre la música y el ajetreo cundió el temor pues según entre la multitud salió humo al parecer, expedido por el que hasta entonces era un encantador bailador quien  corrió alejándose de la pista y según esta inquietante leyenda, fue seguido por algunos de los jóvenes y personal de seguridad sin éxito.

José Luis refiere que uno de los asistentes, que se encontraba en el exterior de la discoteca pudo ver que el demonio se desvanecía en la oscuridad, unos metros más adelante, sin que se volviera a repetir este insólito hecho “él contó que sí vio ese ente, quedó helado, sorprendido porque desapareció como humo”.

Ahora, lo que fue la célebre y aclamada discoteca, dicen los vecinos, encierra un gran misterio y se ha convertido, al parecer, en refugio de espectros y entidades paranormales que pueblan este inmueble.

Al interior del panteón del Cero Morelos uno de los trabajadores, Luis Reyes, ofrece sus servicios de limpieza y mantenimiento de tumbas. De aspecto rural, el señor Reyes se distingue por su peculiar forma de caminar ya que parece cojear y ese defecto es muy evidente cuando camina aprisa.

Cierto día este señor  entabló una amena y entretenida charla sobre los muertos con uno de los visitantes al panteón, Leo. La conversación giraba en torno a si realmente habría que temerle a los difuntos y si éstos podían regresar del otro mundo y aparecerse a los vivos. “Yo a los que temo es a los vivos, a ellos es a quien debe uno temerle, porque la perversidad es parte del ser humano, en cambio los muertos, muertos están y no creo que puedan hacer daño”, argumentaba el señor Luis.

Así concluyó esa estremecedora plática y Leo se dispuso a abandonar el cementerio sin haberle pagado por la limpieza de la cripta. Empezó a caminar por el pasillo central y antes de llegar a la puerta principal se dio media vuelta pues recordó que no le pagó al señor  con quien minutos antes había charlado animosamente pero ya no lo encontró.

Poco después, cuando recorre el cementerio buscándolo, se encuentra a dos empleados a quienes interroga sobre el señor Luis Reyes; después de describirlo, y hacer énfasis en la forma de caminar de este trabajador, sumamente sorprendidos los hombres reaccionan con evidente nerviosismo y asombro “ese hombre no es compañero nuestro. Sabemos que venía a ofrecer sus servicios al panteón hace algunos años pero Luis Reyes murió asesinado; no existe pero así como a usted, a varias personas se les ha aparecido”.