Y  Guajardo, ¿cuándo?…

Por segunda ocasión en un par de meses el Partido Revolucionario Institucional cambió de dirigente nacional, ayer renunció René Juárez Cisneros y asumió la dirigencia nacional Claudia Ruiz Massieu, sobrina del ex presidente Carlos Salinas de Gortari quien por muchos años fue el icono de la corrupción en México hasta que la juventud lo fue olvidando.

Los cambios, se dijo por debajo de la mesa, obedecen a los desastrosos resultados de la elección del 1 de julio pero además debe ser para renovarse antes de que se queden descabezados, antes de que Enrique Peña Nieto deje la presidencia de la República y entonces los liderazgos regionales o la siguiente administración federal los pueda deshacer por completo.

Lo malo del PRI es que se decidió por más de lo mismo, cometiendo el mismo pecado de soberbia y pretender heredar  todos los puestos donde haya poder y dinero a familiares y amigos de los poderosos.

El PRI, o mejor dicho, lo que queda del PRI, es un partido que se encuentra en las peores condiciones de su historia y eso se debe a que los gobernadores impusieron candidaturas en los Estados mientras que en lo federal el Presidente y sus amigos hacían lo propio, fueron quitándole espacios a las mujeres que no pertenecieran a su sangre o que no fueran amigas o amantes y en los jóvenes pasaba exactamente lo mismo, raro era el que destacaba por méritos partidistas, por trabajo.

Ocurrió lo mismo en todos los Estados, en Tamaulipas, por ejemplo, en este momento la única que tendrá cargo de Diputada federal es la sobrina política de los ex gobernadores Eugenio Hernández Flores y Egidio Torre Cantú, nos referimos a Mariana Rodríguez que sin ser priísta o sin conocérsele trabajo partidista y despeinarse fue incluida en la lista de candidatos por la vía plurinominal y en lugar privilegiado de ese partido.

Obvio es que el dirigente estatal Sergio Guajardo Maldonado mucho tuvo que ver en ese asunto, también fue de los que se olvidaron  de las bases y los resultados ahí están a la vista, por primera vez en toda la historia del partido no ganaron una sola elección en los distritos federales en disputa, tampoco ganaron los Senadores o su primera minoría y a penas obtuvieron seis triunfos en las elecciones municipales y esto ocurrió en municipios de muy poco presupuesto, todavía más, esos se obtuvieron más por liderazgos o fuerzas regionales que por un trabajo serio y efectivo del partido.

Lo extraño del caso es que a pesar de que Guajardo obtuvo los mismos o peores resultados que los registrados a nivel nacional sigue ahí, sin mortificarse, con muy poquitas ganas de renunciar a su sueldo y al raquítico presupuesto que todavía le escurre a ese organismo.

Pero más triste es ver que las mujeres y los jóvenes del PRI no se atreven a tomar la batuta y ponerse a trabajar para la próxima elección para que puedan hacer un papel más decoroso, es decir, no presionan para acabar con la más nefasta dirigencia estatal que hayan tenido en todos los tiempos.

Están olvidando lo tricolores que si Guajardo llega como dirigente al primero de octubre ya no habrá nada que lo mueva con el argumento de que entran a un año electoral, a un proceso electoral y ya no tendrá la obligación de lanzar la convocatoria para renovar la dirigencia estatal.

En el PRI deben ser los muchachos, quizá con un buen dirigente que los entienda o tal vez sin él, los que tomen la batuta, los que puedan hacer la tarea de reconstruir desde las cenizas un partido importante en la vida política de México y que lo destruyeron sus malos dirigentes porque les ganó la ambición y se portaron muy gandallas con su gente.

Por ello hoy que vemos la renuncia de René Juárez Cisneros a la dirigencia nacional del PRI bien vale la preguntarle a los tricolores tamaulipecos, y Sergio, ¿cuándo?…

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