Reporte Directo

Clases Extramuros

23 enero, 2017 - Campanario, Columnas

Ayer el rector de la Universidad tamaulipeca Enrique Etienne Pérez del Río, presentó a los comunicadores locales y regionales la decisión de la asamblea universitaria en el sentido de que los alumnos de la unidad académica multidisciplinaria de Trabajo Social donde estudian nutrición, psicología y trabajo social, arrancaran el presente semestre en la escuela normal superior de Tamaulipas, porque un grupo porril de esos que sobreviven de antaño a costa de los cuotas escolares, mantienen tomada la unidad académica de referencia. Quizá es la primera vez en la historia universitaria en que los estudiantes y alumnos están ante esta circunstancia.

El grupo de porros los encabeza el profesor Gonzalo Hernández Flores, que ni por equivocación es pariente del ex gobernador Eugenio Hernández Flores, pero no hay que descartar la más remota posibilidad de que el dirigente porril pudiera haberse ofrecido, como un grupo de choque para favorecer a los priístas que les urge recuperar espacios en los poderes del estado, pero sobre todo en el territorio tamaulipeco, donde después de la tremenda barrida que les dio el partido albiazul en la última elección local, apenas se ven los del partido tricolor.

Lo que no ha entendido el dirigente porril, es que si tenía la posibilidad de ocupar algún cargo en la rectoría, que le permitiera seguir viviendo de ese ente educativo como lo ha hecho durante más de 40 años. Con las acciones de rebeldía sin causa y sinrazón y al margen de la ley, podría acreditar no uno sino varios delitos, que no sólo lo dejarían fuera de los corrillos universitarios, sino con una amplia posibilidad de caer a prisión, donde la vida es más costosa.

Pero en fin, se trata de porros chapeados a la antigua y por lo mismo en ellos no cabe el raciocinio, sino el choque, los golpes y el escándalo, porque es así como han conseguido un status económico, político, social y han heredado a algunas generaciones la subcultura de la lucha estudiantil.

Un perfil que riñe con un viejo sesentón, sino en todo caso con un joven apuesto, de color, con apellidos de renombre y aceptación en los segmentos relevantes de los universitarios. Pero los cuales dejaron desde años atrás de pensar en esos prototipos, pues desde hace tiempo, quienes figuraban y militaban en las filas porriles, optaron por la academia y hoy muchos de estos tienen maestrías, cursan doctorados  en el extranjero y dominan más de un idioma.

Es así como los paradigmas de los estudiantes que cursan alguna carrera en las 27 escuelas de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, aspiran a conseguir los títulos y las medallas que sólo encuentran en la academia, el claustruo, la investigación y el intercambio.

Los universitarios dejaron de pensar que al lado de los dirigentes porriles podrían obtener un futuro promisorio, que les garantizara trascender en la historia, como ingenieros, médicos, auditores, sociólogos o comunicólogos, por mencionar algunas de las disciplinas que se imparten en la universidad tamaulipeca.

Pero lo más relevante es que la mayoría de los universitarios de nuestros tiempos sean alumnos o profesores, están por encima de los caprichos porriles, porque su proyecto de vida está más allá de la grillas. Porque además valora el esfuerzo que hacen sus familias para financiar una carrera, aún la más modesta.

Bien por el rector Etienne que una vez vuelve a demostrar que es un hombre de carne y hueso, con sensibilidad y visión ante las circunstancias que la vida le da la oportunidad de sortear. Si hay algo que reconocerle es que ha erradicado las bandas porriles, promueve la docencia, ha premiado la excelencia y ha proyectado a las eminencias.