Reporte Directo

No es balazos…

21 octubre, 2019 - Cena de Negros, Columnas

CENA DE NEGROS

Marco A. Vázquez

No es balazos…

El error más grande que han cometido los gobiernos de este país, de muchos años a la fecha, es pensar que la violencia, el secuestro, la delincuencia organizada y toda expresión de delito son nuestro principal problema y que este se puede resolver a balazos, con más policías o militares en las calles, matando a los matones.

En eso el presidente Andrés Manuel tiene razón, no se puede apagar el fuego con el fuego, sin embargo lo que sucedió en Culiacán tampoco es un mensaje de amor y paz que se le envía a los mexicanos, no, fue algo que la mayoría califica como rendición, ven que la autoridad aceptó que la delincuencia lo rebasa, que manda fue cobardía, con todo y lo que dice el mandatario para justificarse.

 “Acabamos de tomar una decisión muy difícil pero muy humana en el conflicto en Culiacán decidimos primero la vida de los seres humanos, no a la violencia, la paz, la tranquilidad, no la discordia, no el odio, no la violencia, la hermandad, el amor al próximo  es la filosofía, la doctrina de este gobierno, no nos importa que los conservadores, los autoritarios quieran que se gobierne de otra manera, ya ellos lo hicieron y no dio resultado, al contrario, enlutaron a México, lo convirtieron en un cementerio, esa estrategia de enfrentar la violencia con la violencia, nunca más”, dijo para lavarse las manos en el peor conflicto de seguridad que ha tenido este país en la era lopezobradorista.

En el fondo el presidente tiene razón al argumentar que no es a balazos como se va a acabar la violencia, no, no necesitamos más armas, ni más soldados o policías, necesitamos que el Senado, Diputados Federales, legisladores locales y hasta los Cabildos, y organismos empresariales y sociales intervengan más con los gobiernos federal, estatal y municipal para encontrarle la solución a nuestra violencia, que se enteren que hay que atacar con más fuerza el origen del problema y eso solo se lograría poniéndose a chambear en corregir como se gastan los presupuestos y hasta la motivación que tienen en ese sentido.

Lo que hizo el presidente es una mala señal, nos dice que al ritmo que vamos son muchos los riesgos de convertirnos en un pueblo sin ley, que tal vez ya lo somos o lo éramos antes de que él tomará el poder, pero eso no implica que se deba seguir igual o se deba dejar actuar a os delincuentes contra la sociedad nomás porque su política es de hermandad, de paz y amor o por la cobardía o complicidad para no enfrentar y pagar consecuencias políticas de un acto de barbarie que ellos provocan por su poca capacidad de respuesta a la violencia.

El tema de nuestra inseguridad está claro que no es algo que se arreglará a balazos, no con pistolas, escopetas o cuernos de chivo, no, lo nuestro tiene origen en una enfermedad que llama corrupción, se apellida impunidad y es aderezada por la pobreza extrema, de esa que impide a muchos comer, a veces hasta una vez al día, de esa que obliga a nuestros muchachos a escoger entre morir de hambre, de una enfermedad, o con un plomo en la cabeza y si, con el añadido de que no funcionan como deben los sistemas de educación y salud, porque la pobreza no implica que la gente se vaya a convertir en delincuente pero el que se le cierren todas las puertas, las oportunidades de una vida digna y la de atender sus problemas de salud sí llevan a ese puerto.

Luego de todo lo que le menciono es urgente entender que los mexicanos hemos caído en algo peor, en alejarnos de los políticos, no hemos podido comprender que ya es tiempo de crecer, de aceptar que somos mayores de edad, ciudadanos y por tanto debemos tomar decisiones en cada elección y después de ellas, trabajar y vivir para la política que ahí está la respuesta, la solución a nuestros problemas porque si elegimos políticos honestos habrá acciones de gobierno honestas y con visión de Estado y no en busca de votos, de conservar o tratar de arrebatar el poder.

Esa es la prioridad mayor, para lograr eliminar la violencia, corrupción e impunidad se debe atender la política para que funcionen el sistema educativo y de salud, que cumplan su función de prevención y dar oportunidades a los niños , llevarlos a la felicidad de adultos para que no caigan en la tentación de delinquir, solo con éxito en estos rubros se logrará la paz en forma permanente.

Hay que respaldar al presidente cuando dice que poco importaron a gobierno del pasado la vida de miles de mexicanos inocentes que cayeron víctimas del fuego, por un secuestro, o por la mala suerte de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, también que no ha dado resultado la estrategia de estarse matando pero igual hay que exigir que explique su estrategia porque no se ve por ningún lado.

Fue terrible que tuviera que pasar una situación tan dramática como la de Culiacán que llenará de dolor a toda una nación, quizá por toda la vida, para que los políticos se den cuenta que no vamos bien y que quizá es la última llamada de la sociedad para que hagan las cosas correctas.

Y sin embargo, como dice AMLO, más que atacarla a balazos, más que matar a los matones, lo que se requiere es buscar sus orígenes e ir corrigiendo las fallas, desde luego, se antoja complicado que regrese la paz en poco tiempo, porque la parte del gobierno es, quizá, la mitad del trabajo, me explico, la paz social se va a lograr hasta que los padres de familia recobremos el mando en las casas, que cuando un hijo nos llegue con camioneta nueva preguntemos su origen o lo denunciemos y no andemos como locos por algo que sabemos no es licito, en muchos casos.

No hay duda, la culpa de las autoridades está bien establecida, han sido, quizá lo son, corruptas, han alentado la impunidad y se han hecho millonarios a costa de muchas vidas de seres inocentes, de eso no hay duda, pero también los padres de familia debemos aceptar nuestra parte y hacer lo necesario por corregir los errores cometidos.

Triste, pero no solo le hablo de los padres de las familias necesitadas, también de la clase media y desde luego, de los que son muy ricos, todos cometemos el pecado de festinar los excesos y hasta los delitos de los hijos, sin darnos cuenta que de esa forma les ponemos la pistola en la cabeza.

Mucha verdad que no funciona el fuchi, ni el guácala, tampoco el acusar a los delincuentes con sus mamacitas pero es un hecho que nadie quiere ver la parte más dolorosa, la que tiene que ver con un padre o una madre que por encubrir a sus hijos mejor se calla y hasta festina que andan estrenando tenis o celular.

Y no, no es balazos como solucionaremos esto pero tampoco es en razón a mensajes equivocados, como en Culiacán, que se tendrán avances, para estar en paz se requiere liderazgo, autoridad, honradez y decencia en la política pero también, aunque a muchos nos duela, en casa…

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